En la era digital ¿una imagen es el fiel reflejo de la realidad?

El “retocado” no es algo nuevo que nació con la imagen digital o con el famoso “Photoshop”, todas estas modificaciones se hacían en la época de la fotografía “analógica” o “química”, utilizando pinceles con pigmentos, a veces sobre los negativos, otras sobre las copias. También se utilizaban máscaras para aclarar u oscurecer partes determinadas de una imagen en el cuarto oscuro, llevaba mucho más tiempo pero todo se podía hacer, y de hecho se hacía. 

Con el advenimiento de la fotografía digital solo se reemplazaron esos viejos métodos y se incluyeron a modo de “herramientas” en los programas de edición de imagen como el Photoshop. Sin embargo, todo lo que incluye dicho programa tiene su origen en la fotografía “analógica”.

Hoy en día estos programas están al alcance de todos, cualquier persona puede alterar una imagen, incluso sin necesidad de una computadora, con un teléfono celular ya es suficiente.

Me gustaría aclarar qué quiero decir con “retocar” una imagen. Muchas veces este término se confunde con “editar” o con otros tipos de manipulación, por ejemplo hacer un fotomontaje. En mi opinión, “retocar” es alterar la estructura o los píxeles que forman la imagen como fue concebida en la toma, “editar”, en cambio, implica modificar los valores de dichos píxeles sin alterar las formas que la conforman, por ejemplo, cuando aclaramos u oscurecemos, los píxeles cambian de valor pero no se alteran las formas que estos muestran en la imagen.

¿Retocar es antinatural? ¿Es alterar la realidad captada en una toma fotográfica? 

Para responder a esto primero tendríamos que analizar si una fotografía realmente muestra la realidad como la percibimos con nuestros ojos desnudos.

A mediados del siglo XIX una imagen fotográfica era valorada por ser un reflejo fiel del mundo real, se creía -e incluso se aseguraba- que era una reproducción fiel de la misma.

Hoy en día sabemos que no es así, toda imagen posee un sesgo dado por el autor, cuando encuadramos, siempre dejamos algo afuera que no puede ser visto por un futuro observador. De la misma manera, cuando captamos un momento en un rol no participante (sin interactuar con lo que está ocurriendo, como ocurre en el fotoperiodismo), al momento de obturar, estamos captando un instante de la realidad, también hacerlo décimas de segundo antes o después puede influir en la manera en que se lee lo que está ocurriendo. 

Estos y otros factores como el tipo de lente, iluminación, distancia, ángulo, hacen que cada imagen posea un carácter único dado por quién la realiza.

Lo mismo ocurre con los sujetos fotografiados, si hago posar a una persona de una manera determinada estoy alterando la “realidad”, igual si alguien se maquilla o peina de forma particular, o se viste con ropas puntuales, o utilizo determinado ángulo e ilumino de una forma específica. Todos estos factores externos se interrelacionan con los internos de quien la realiza, como los valores, experiencias de vida, educación, filosofía, ideología política, intención, muchas veces conscientes, otras inconscientes, pero siempre presentes, sino todos crearíamos las mismas imágenes. Hay algo dentro de cada persona que la interpela a captar la imagen de una manera y  en un momento dado.

Otro factor que entra en juego es el observador, también sujetos diversos percibirán una imagen de manera diferente, de acuerdo a sus propios conceptos y condicionamientos culturales. Cada observador percibe la realidad de forma distinta, como lo define la antropóloga estadounidense Deborah Poole, “No ‘vemos’ simplemente lo que está allí, ante nosotros. Más bien las formas específicas como vemos –y representamos- el mundo determinan cómo es que actuamos frente a éste y, al hacerlo, creamos lo que ese mundo es”, por ello dos sujetos observando una misma imagen pueden interpretarla de  manera totalmente diferente.

Si por fotografía entendemos “escribir con luz”, cuando alguien la realiza, consciente o no, está comunicando algo. No obstante, lo captado en la toma original puede no ser reflejo de lo que se quiere decir, por lo que recurre al “retocado” o al “fotomontaje” para alterar la toma original y poder transmitir el mensaje deseado.

Podríamos por ejemplo, mover los objetos dentro de la escena, en el caso de un ambiente, o maquillar a una persona, o cambiar de ángulo y dejar determinados elementos fuera del cuadro, pero en general se recurre a este tipo de herramientas cuando esas variables no pudieron ser modificadas en el momento de la realización o se descuidaron y por eso se modifican o ajustan después, por eso se lo conoce como “post-producción”, se sigue trabajando en la imagen luego de haber sido realizada.

Habiendo dicho todo esto, el objetivo de este artículo es demostrar que una imagen, aún sin modificar o retocar, no mostraría la realidad, sino una representación de la misma, captada de una manera determinada. Luego, el retocado, o post-producción, podría definirse como otra herramienta de la que se vale un artista para comunicar su mensaje a través de un medio visual, pero no es lo que altera la realidad pues esta nunca fue captada como se creía en el siglo XIX.

Mariano Garcia, fotógrafo profesional.

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